En las décadas pasadas, la convivencia del hombre Y el perro se volvió cada vez más compleja debido los cambios sociales que también transformaron la imagen humana del mundo. Si antes al perro se le dejaba ser un animal y no se le integraba en todas las acciones del día, hoy está considerado como un miembro más de nuestra familia. Y el hombre parte de la base de que el perro también se ve así mismo y piensa y actúa como tal miembro de la familia a la que pertenece. Muchas personas ven en su perro a un compañero equiparable a una persona, y le adjudican los mismos atributos y expectativas que a su conyuge, a los hijos y que a sus mejores amigos.

Pero ese papel que se le atribuye es excesivo para el perro. Por eso nos gustaría pedir que se deje a los perros que sean perros, y que por lo tanto se les eduque de forma que así lo podamos entender todos. A nuestro perro hay que hacerle comprensible su nuevo entorno y la existencia de unas reglas internas en el seno de nuestra familia. Ha de ser introducido paso a paso a la complejidad de la vida cotidiana de una familia, para lo cual es de suma importancia que pueda entender a sus nuevos miembros del grupo, y que estos lo entiendan también. Para ello hay que tratar de alcanzar un lenguaje común que nuestro perro pueda comprender. Nuestro cachorro o perro ha de fiarse en todas las situaciones de todos los miembros del nuevo grupo familiar. Si entiende lo que se espera de él, y si nuestras reacciones a su conducta le resultan previsibles y comprensibles, se le presentará un mundo que puede comprender y que proporciona seguridad. La imagen que entonces se forma el perro es la de un mundo positivo, con lo cual su crecimiento será psíquicamente estable y podrá desarrollarse del modo satisfactorio para todos en nuestro entorno doméstico y familiar. Tendremos un perro adaptado a nosotros y nuestra mascota y nuestra familia vivirán una convivencia equilibrada y beneficiosa para ambos.

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