Cómo usar la correa

Hoy en día es casi imposible llevar a un perro sin correa. Existen reglamentos para perros que prescriben en muchos lugares el uso obligatorio de la correa. En zonas de aglomeración, el tráfico es cada vez más denso y pone en peligro a los perros. De ahí que todo dueño de un perro deba enseñar al suyo a ir atado a la correa. Lo mejor es empezar ya cuando aún es cachorro. Para poder llevar al perro atado con seguridad y tranquilidad, conviene que tanto él como usted se preparan para tener una relación positiva con la correa. Acostumbre a su cachorro desde pequeño al collar y a la correa, y procure que el chiquitín asocie las dos cosas con algo positivo.

¿Qué significa la correa?

Según el duelo, la corre puede significar el control del perro para poder someterlo a una disciplina y para evitar que se escape. Esto quiere decir que la correa se considera y se utiliza, sobre todo, como un instrumento de disciplina y control. Utilizada de este modo, por regla general, la correa es vista por el perro y por el hombre como algo negativo. Sin embargo, tanto la correa como el collar pueden tener un significado completamente distinto: a saber estar, un significado positivo.

El perro debe aprender que estar atado significa para él tener una confianza ciega en usted. De este modo, la correa debe ser para él sinónimo de seguridad. Renuncie a darle órdenes y, mediante una combinación de señales corporales y de la correa, enséñele a llegar a acuerdos tácitos con usted. La correa limita la libertad de movimiento del perro. Eso le da a usted la posibilidad de ponerle límites conscientemente. Es inevitable que el perro perciba una y otra vez ese límite definido por la longitud de la correa y que le produzca un conflicto. Déjele experimentar que puede resolver ese conflicto ya que cuando cede, la correa se afloja. También puede usted reforzar a propósito ese proceso experimental reflejando su conducta positivamente,  premiándolo cuando ceda. Con el tiempo, el perro aprenderá a generalizar que ceder merece la pena, y mostrará esa conducta también en otras situaciones conflictivas.

La confianza es la condición previa

Al atarlo por primera vez, se asientan ya los cimientos para el significado simbólico de la correa. Con anterioridad, es necesario que el cachorro haya experimentado que usted se comporta de manera exclusivamente positiva cuando él se le acerca. No debe, pues, atraparlo ni sujetarlo. Todo acercamiento ha de ser siempre respondido positivamente, ya sea mediante comida, caricias o un juego tranquilo. El cachorro debe acercarse a gusto y por propia voluntad a usted, y sentirse bien a su lado. Cada vez que le esquive cuando quiera acariciarlo, retire enseguida las manos y motívele, por ejemplo, retrocediendo y volviendo a acercarse a él. Así el perro percibe que usted tiene en cuenta su inseguridad y no quiere agobiarlo ni atraparlo ni sujetarlo. De este modo, adquirirá confianza.

Si el perro viene alegremente cuando lo llama, enséñele en primer lugar que ponerle y volverle a quitar el collar puede ser agradable y positivo. Como al acariciarle, procure ahora también que el cachorro no retroceda ni le rehúya al ponerle y quitarle el collar. Porque el collar ha de asociarse a algo positivo, a un contacto social positivo. Para poder practicar esto a lo largo del día, lo mejor es que prepare por la mañana la ración de comida diaria para el perro y utilice parte de ella como golosina de premio. Así sabrá que el perro se ha comido toda su ración diaria y, al mismo tiempo, tendrá siempre a mano golosinas para aumentar motivación.

Ahora ya está bien preparado para motivar a que se acerque alegremente el perro varias veces al día, para ponerle y volver a quitarle el collar y para darle algo de comida cada vez. Al principio, ponga el collar al cachorro cuando a continuación vayan a hacer algo interesante: un juego social, caricias, o a la hora de la comida. Pronto se olvidará de que tiene algo nuevo y extraño en torno al cuello. A los pocos días, enganche la correa al collar y dé unos pasos con él atado a la correa. No se olvide de trazar usted el recorrido desde el principio.

Ponerle la correa

  • Usted a motivado a su perro para que se siente delante y le mire.
  • Coja el collar con la mano izquierda y meta la mano derecha, en la que sostendrá un trocito de comida, por el lazo en dirección a la cabeza
  • En cuanto el perro huela a comida y quiera cogerla, retire lentamente la mano derecha y no mueva la izquierda, la que sostiene el collar. El perro seguirá el movimiento de la mano derecha y, de este modo, meterá por sí solo la cabeza por el collar.
  • No es usted el que mete el collar por la cabeza del perro, sino que es el propio perro quien la mete voluntariamente por el collar.
  • Mientras el cachorro mordisquea la comida, puede acostumbrarlo a que tocarle el cuello no supone nada negativo ni desagradable.

Proceda del mismo modo para quitarle la correa. Mande al perro mediante gestos que se siente. Dele luego una golosina y, mientras se la come, sáquele suavemente el collar por la cabeza. Después, dele una segunda golosina y motívelo para que mantenga otro rato la atención y el contacto visual, antes de dejarlo libre o invitarlo a jugar con el amable gesto corporal correspondiente. Proceda siempre de la misma manera. Así podrá convertir el proceso en un ritual. Al cabo de unos días, practíquelo también con alguna distracción. Vaya aumentando progresivamente el número de distracciones. Tómese su tiempo para ponerle y quitarle la correa. Fomente conscientemente el contacto visual mientras se la pone y se la quita, incluso después de habérsela atado o desatado.

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