Un perro equilibrado

 

El instinto y el autodominio del perro tienen que guardar un equilibrio interno. Solo así es posible una convivencia armoniosa del perro y su dueño. El hombre debería respaldar este equilibrio.

 

Usted, como dueño, es el que más contribuye a mantener el equilibrio emocional de su perro. Ofrézcale patrones de conducta que le permitan actuar a partir de su instinto y, por lo tanto, de manera acorde con sus sentimientos, porque así lo ayudara a mantenerse equilibrado.

Así podrá actuar a la manera “perruna”, es decir, con arreglo a su naturaleza; de este modo, incluso en aquellas situaciones en que esté con su compañero social, el hombre, ajeno a su especie, podrá tener la siguiente experiencia positiva: «¡Me estoy portando bien!». Así podrá fiarse de sus formas de actuar en relación con el entorno.

 

Los patrones instintivos proporcionan equilibrio

 

Todo patrón de conducta que se desarrolle según los patrones básicos instintivos y, por lo tanto, en conformidad con la especie, mantiene al perro en equilibrio. Incluso cuando lo que hace no conduce, o no al menos en ese momento, al resultado concreto deseado, ese fracaso no desestabilizara su psique ni pondrá en peligro su fe en sí mismo, pues su esquema de conducta coincide con su predisposición instintiva.equilibrio-perro

 

Entonces se limitara a intentarlo de nuevo. Seguirá confiando en que sus patrones de respuesta a los estímulos del entorno son básicamente correctos. Un perro de caza ve a una liebre que huye. Su primera reacción será acosarla, y su objetivo capturarla. Si no consigue su objetivo, su psique no quedara desestabilizada, sino que intentará desarrollar una estrategia mejor la próxima vez. No pondrá en duda su conducta, pues obedece a patrones instintivos, pese a que su actuación no haya estado coronada por el éxito.

 

Los malentendidos provocan inseguridad

 

Las interacciones entre el hombre y el perro, en cambio, rara vez se producen en el plano instintivo. El hombre intenta casi siempre comunicarse verbalmente, lo que tiene lugar a través del plano de la inteligencia, y esta de terminado por contenidos lingüísticos.

 

El perro, por el contrario, responde instintivamente, con arreglo a su naturaleza. Las señales del perro, sus respuestas, no son reconocidas como comunicación y, por lo tanto, no son comprendidas. De este modo, se produce con frecuencia la situación de que el hombre reacciona ante las conductas del perro que no entiende. A través de su enfado perceptible, el hombre somete al perro a una presión aún mayor.

 

Al perro, desde su punto de vista, sus respuestas le parecen muy claras, pues instintivamente no puede darlas de otra manera, y sin embargo recibe de su dueño esta señal: «Estoy insatisfecho de ti y de tu conducta; estoy enfadado» ¿Cómo va a poder entenderlo?

El perro ha sido duramente reprendido por razones de obediencia (jerarquía). Ahora le mandan cobrar (traer) con alegría. Pero se niega a coger el objeto del que el hombre, en opinión del perro, se ha apoderado al tocarlo (jerarquía en torno a la comida).

El hombre se enfurece y recurre al cobro forzoso. Sin embargo, el perro solo había dado a entender lo siguiente: “Te reconozco en la jerarquía. No disputo la presa contigo”. Por eso había renunciado al plano ritualizado de la jerarquía en torno a la comida, es decir, en torno al sucedáneo de la presa.

 

El perro responde a las señales de su amo sin “hacer teatro”. Actúa siempre con la firme convicción de estar haciendo lo correcto. Tiene que poder fiarse de lo que ve y oye, pues eso determina su imagen del mundo. Si sus respuestas son siempre recibidas con un castigo imprevisible, el perro deja de fijarse en sus patrones propios de respuesta y empieza a ponerse en duda. Pierde la confianza en sí mismo.

 

El perro se da cuenta enseguida de su influencia y sus reacciones ante el entorno son respondidas siempre del mismo modo y con arreglo a unas reglas reconocibles. Si no es así, reduce sus respuestas para no experimentar de nuevo una reacción injustificadamente negativa o incluso un castigo. A veces se ve obligado a estructurar su entorno para buscar una salida, para que reine por fin el orden.

 

Sentirse únicamente como un juguete de su entorno le provoca miedo e inseguridad. A través de una amenaza (a su debido tiempo) y del amago de morder para defenderse, se procura el mínimo espacio libre que necesita.

 

Aquí la única ayuda la proporciona una comunicación lograda, que provoca una autoreflexión positiva en el perro. Mediante esa comunicación, el perro adquiere la necesaria seguridad y una confianza estable en sí mismo. Entonces el perro está equilibrado.